Henri Roorda, Mi suicidio: “Hay mucha hipocresía en aquellos que continúan viviendo. Pero ¿sería posible la vida social sin mentiras? NO”.
“La sociedad es siempre más fuerte que todos nosotros: se desembaraza fácilmente de los individuos que le resultan molestos”.
“En adelante quisiera llevar una existencia cómoda y, sobre todo, contemplativa. Pero si permaneciera en la Tierra no tendría la vida fácil que tanto me tienta. Prefiero desaparecer”.
“La naturaleza solo quiere el acercamiento momentáneo de los sexos, y el individuo busca en vano una felicidad perdurable”.
“Demasiado
moral o demasiado tímido, el individuo se pasa la vida rechazando sus
instintos; hay en el mundo millones de corazones que tienen hambre”.
“Son
las personas formales, los amigos del orden, quienes conforman la estabilidad
del orden social. Y es importante que su número sea considerable. Son ellos los
que fundan las familias. Crean pequeños seres a su imagen y semejanza que a su
vez se reproducirán, y de esta manera la vida continuará. Se les dijo: “¡Creced
y multiplicaos! Y ellos obedecen”.
“Para que la vida prosiga es preciso que los hombres consientan, todos los días, durante largas horas, en convertirse en verdaderas máquinas”.
“Cuando
entro en uno de esos magníficos bancos que se han construido en Lausane, siento
una emoción sagrada: estoy en el templo de la Religión Viva. No hay hipócritas
entre los fieles que encuentro allí, ninguno de ellos duda de la omnipotencia
de su dios: EL DINERO”.
“El rico
puede elegir: puede ser generoso o no serlo. Si lo deseara, podría llevar
durante unos años la existencia de un pobre. Por su parte el pobre. Por su
parte, el pobre no tiene elección”.
“Me gusta muchísimo el vino. Rejuvenece momentáneamente mi alma gastada. El vicio consiste en que algo nos guste en demasía”.
“Escribir este librito me causa placer a pesar de que se trata de mi suicidio… Mientras trabajo, mis pensamientos son tan puros como los de un niño”.